Viimeinen merkki Lachayn kukkuloiden sumussa
A2 · Nature & Adventure
La luz apareció tres veces en la niebla.
Una vez. Una pausa. Dos veces más.
Elena, una joven guardaparque, dejó de caminar. Estaba con Tomás, otro guardaparque. Los dos buscaban a Raúl, un visitante que había entrado solo en las Lomas de Lachay. El parque iba a cerrar pronto y la niebla era cada vez más fuerte.
—La luz viene del camino viejo —dijo Elena.
—Ese camino está cerrado. Hay un barranco cerca —respondió Tomás.
Entonces vieron la luz otra vez. Elena pensó que era una señal de ayuda.
Caminaron con cuidado. En el suelo encontraron una mochila azul y unas huellas. Las huellas iban hacia el camino cerrado. Después oyeron una voz.
—¡Ayuda!
Raúl estaba entre dos rocas. Una de sus piernas estaba atrapada. Elena y Tomás usaron una cuerda y lo ayudaron a salir.
—¿Por qué entró aquí? —preguntó Elena.
Raúl sacó una fotografía.
—Buscaba un árbol de tara. Mi hermano Daniel trabajó aquí hace muchos años. Murió el mes pasado y quería despedirme de él en este lugar.
En la fotografía aparecía un árbol grande. Elena lo reconoció. Estaba cerca del sendero principal.
Los tres caminaron lentamente hasta el árbol. Raúl puso una mano sobre el tronco y sonrió con tristeza.
—Gracias por encontrarme —dijo.
Elena miró la niebla. La luz venía de un pequeño espejo de Raúl. Al principio fue una señal de peligro. Al final, también fue una despedida.