Barcelona. 18:44. Valentina sigue apoyada en la pared de la tienda de ropa, con el frío de la tarde entrando por los huecos del jersey. En la pantalla, el mensaje de Diego: «Yo también». Dos palabras que pesan una tonelada. Ella respira. Y empieza a escribir.
espera. necesito contarte por qué me fui
no fue solo el trabajo
ok
dime
Valentina escribe durante dos minutos seguidos sin borrar nada. Es la primera vez en todo el día que no borra.
unos meses antes de irme a Barcelona, una noche cogí tu teléfono para poner música. tenías una conversación abierta
con una compañera tuya del trabajo
Los puntos de escritura de Diego aparecen. Y se quedan. No desaparecen esta vez. Él está escribiendo durante mucho tiempo.
no leí mucho. solo lo suficiente
me quedé fría, diego. no lloré, no dije nada, te devolví el teléfono y puse la música y seguimos la noche como si nada
y nunca te lo pregunté
en lugar de preguntarte empecé a buscar ofertas de trabajo en otras ciudades
Diego no escribe nada durante tres minutos. Valentina tampoco. El chat está quieto como nunca lo ha estado.
sé de qué conversación hablas
lo sé
¿quieres que te diga qué fue?
sí
Valentina, voy a ser completamente honesto. Lo que viste... existió. No fue físico, nunca pasó nada en ese sentido. Pero tampoco fue inocente. Era una persona con la que hablaba cuando las cosas entre nosotros se sentían... complicadas. Cuando llevabas días sin contestar bien a las llamadas, o cuando yo intentaba hablar de algo importante y tú cambiabas de tema. Y sé que eso no lo justifica. Sé que no. Pero es lo que pasó. Y lo he llevado conmigo todos estos meses sin decírtelo, igual que tú llevaste lo tuyo. Así que... aquí estamos. Los dos cargando con lo mismo sin decirlo.
Valentina escucha el audio una vez. Solo una. Se queda con el teléfono en la mano, mirando el suelo de la acera. Un minuto. Dos. Después se sienta en los escalones de un portal.
me senté
bien
¿sabes lo más raro?
¿qué
que no estoy enfadada. o sea, debería estarlo. pero no lo estoy
creo que no puedo enfadarme contigo por algo que yo también hice a mi manera
tú buscaste una salida. yo busqué... no sé. algo que no debí buscar
sí
¿cuánto tiempo llevas sabiéndolo
desde enero
dios mío valentina
lo sé
no supe cómo nombrarlo. no era una traición enorme, no era nada que pudiera enseñarle a nadie y decir 'mira, esto'. era solo... un frío
y en lugar de preguntarte lo que significaba, construí una vida donde no importara
En Valencia, Diego se ha levantado del banco. Está caminando despacio por la calle — sin ir a ningún sitio, igual que Valentina antes. En el grupo de amigos, Lucía lleva veinte minutos leyendo el hilo. Marcos ha vuelto a entrar en el grupo en silencio.
Lucía ve que Marcos ha vuelto. No escribe nada. Marcos tampoco. Los dos leen en silencio.
El grupo no dice nada más. El silencio es absoluto.
y yo hice lo mismo. en otro sentido, pero lo mismo
cuando algo me dolía o me preocupaba, buscaba otra conversación en lugar de tener la que debía tener contigo
lo terminé, valentina. hace meses. por si necesitabas saberlo
necesitaba saberlo
Hay una pausa larga. Ninguno de los dos escribe. Ninguno de los dos desaparece. Siguen en línea, los dos, en ciudades distintas, cargando con lo mismo al mismo tiempo.
valen
ahora no, ele. por favor
ok. aquí estoy
Valentina vuelve al chat con Diego. Sigue sentada en los escalones. La calle está más oscura ahora. Escribe despacio.
entonces los dos nos hemos estado mintiendo
Diego lee el mensaje. No escribe. Sigue en línea. Valentina lo ve. Pasan doce minutos.
Sí. Pero tú eres la primera persona a la que nunca he querido mentirle.