A jegy a fiókban

Diego rövid, mértéktartó üzenetekkel próbálja tartani magát – amíg már nem tudja. A vonatjegyről és három hete vett gyűrűről szóló vallomása hullámokat ver a csoportban, és mindkettőjüket olyan titkok felé tereli, amelyeket eddig őriztek.

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Valencia. 17:22. Diego sigue en la calle. El frío ya no le molesta. Lleva mirando la pantalla — con los puntos de escritura de Valentina apareciendo y desapareciendo — durante cuatro minutos. Al final, es él quien escribe primero.

voy a volver al trabajo

ok

¿hablamos luego?

sí

Pasan cuarenta minutos. Valentina paga el café — el segundo también está frío — y sale de la cafetería. Camina sin ir a ningún sitio. En Valencia, Diego está sentado en la reunión. Su compañero le ha preguntado dos veces qué piensa sobre los números del trimestre. Las dos veces Diego ha dicho «sí, tiene sentido», aunque no ha escuchado nada.

la reunión ha terminado

¿cómo estás?

estoy bien

no, mentira. no sé cómo estoy

yo tampoco

estoy caminando. no sé hacia dónde

ten cuidado

El chat queda en pausa durante doce minutos. No hay puntos de escritura en ningún lado. Los dos están en silencio, cada uno en su ciudad, pensando en el mismo problema desde ángulos distintos.

¿puedo decirte una cosa?

sí, claro

este fin de semana tenía pensado coger el tren a Barcelona

para sorprenderte

Valentina se para en medio de la acera. Alguien choca con su hombro y sigue andando sin mirarla. Ella no se mueve.

diego

tenía el billete comprado. para el sábado por la mañana

y hay un anillo en el cajón de mi mesita

lo compré hace tres semanas

Valentina lee los mensajes tres veces seguidas. Después se apoya en la pared más cercana — la fachada de una tienda de ropa — y se queda ahí, con el teléfono contra el pecho y los ojos mirando el cielo gris de Barcelona.

No te lo digo para hacerte sentir mal. O sea, sí que quiero que lo sepas, pero no... no es para eso. Es que llevas meses hablando de distancia, de que ya no sabes si me quieres igual, y yo llevo tres semanas con un anillo en un cajón pensando en cómo iba a pedírtelo. Pensando en la cara que ibas a poner. En qué restaurante. Si te gustaría que hubiera gente cerca o que estuviéramos solos. Llevo semanas pensando en eso, Valentina. Y hoy me entero de que tú llevas meses pensando... en otra cosa. Así que no sé. No sé qué hacemos con todo esto. Pero quería que lo supieras.

En el grupo de amigos, los mensajes de Diego le han llegado a Marcos y a Lucía. El grupo lleva horas sin actividad — pero Diego, sin darse cuenta, ha enviado el audio al grupo en lugar de al chat privado. Otra vez. El mismo error. Al revés.

Marcos escucha el audio de Diego. Lucía también. Los dos leen hacia arriba — los mensajes del billete, del anillo, de las tres semanas. El grupo queda en silencio durante noventa segundos.

Marcos borra el meme cuatro segundos después de enviarlo. Queda la nota de «Marcos eliminó un mensaje». Lucía no dice nada. Después de un momento, Marcos tampoco. En el historial del grupo aparece: «Marcos salió del grupo».

dios mío marcos

Lucía se queda sola en el grupo. Escribe algo. Lo borra. Cierra la aplicación. En Barcelona, Valentina no sabe nada del grupo todavía. Está mirando el audio de Diego, que sigue sin escuchar.

Valentina pulsa play. Escucha el audio de Diego entera, con la espalda todavía apoyada en la fachada de la tienda. Cuando termina, tiene la mano sobre la boca.

¿un anillo?

sí

diego yo no sabía

ya. esa era la idea

¿lo ves? tú sintiéndote lejos. yo pensando en pedirte que te quedes para siempre. los dos en el mismo sitio y mirando en direcciones distintas

El teléfono de Valentina vibra. No es Diego. Es Elena.

Valen, llámame

Valentina ve el mensaje de Elena. Tiene el dedo sobre el nombre de su hermana durante tres segundos. Después cierra ese chat. Abre el de Diego. Y escribe.

Tengo que contarte algo que debí decirte hace meses

Los puntos de escritura de Diego aparecen inmediatamente. Como si él también hubiera estado esperando exactamente esto.

Yo también