Surat yang Belum Dibuka dalam Serenade di Guanajuato
B1 · Relationships & Drama
La carta sin abrir
La carta llegó una hora antes de la serenata.
Elena la encontró debajo de la puerta de su departamento. En el sobre estaba escrito su nombre con la letra de Sofía, su mejor amiga. Detrás había una frase: «Ábrela antes de hablar con Tomás. Por favor».
Elena guardó la carta en su bolso sin abrirla.
Esa noche, Tomás iba a cantarle una serenata por los callejones de Guanajuato. También quería hacerle una pregunta importante: le habían ofrecido un trabajo en Mérida y quería que Elena se fuera con él durante un año.
Pero dos días antes, Elena había visto a Tomás con Sofía en un café. Sofía lloraba y Tomás le tomaba la mano. Cuando Elena pidió una explicación, Sofía dijo que no podía hablar. Tomás solo le pidió que confiara en él hasta el viernes.
Ahora era viernes, y Elena ya no sabía en quién confiar.
A las nueve, la plaza estaba llena de música y luces. Tomás llevaba una camisa blanca y una sonrisa nerviosa.
—Pensé que no vendrías —dijo.
—Yo también lo pensé.
La sonrisa de Tomás desapareció.
—Entonces abre la carta.
Elena lo miró sorprendida.
—¿Sabías que Sofía me escribió?
—Sabía que quería hacerlo, pero no sé qué dice.
Los músicos comenzaron a tocar y el grupo avanzó por una calle estrecha. Las guitarras sonaban entre las paredes de piedra, pero Elena y Tomás caminaban en silencio.
Al llegar al Callejón del Beso, el grupo se detuvo. Tomás respiró profundamente.
—Sofía no está enamorada de mí —dijo.
—Yo no dije eso.
—Pero lo pensaste.
—Te vi abrazándola.
Tomás bajó la mirada.
—Su padre perdió el restaurante familiar. Tenían muchas deudas y él está enfermo. Sofía me pidió ayuda para revisar las cuentas, pero no quería que nadie lo supiera.
Elena sintió alivio, pero también enojo.
—Podían haberme contado la verdad.
—Sí. Pensamos que protegerte era lo mismo que esconderte la verdad.
En ese momento, Sofía apareció al final del callejón, sin aliento.
—No abriste la carta —dijo.
—No. ¿Qué dice?
Sofía miró al suelo.
—Dice que lo siento. Tuve miedo de perder el restaurante, a mi padre y también tu respeto. Cuando me viste con Tomás, pensé que creerías lo peor.
—Lo creí —admitió Elena—. Pero no tenías que protegerme. Necesitabas confiar en mí.
—¿Puedes perdonarme?
—No de inmediato. Mañana me cuentas todo, sin cartas y sin secretos.
Sofía asintió.
Los músicos llamaron desde la plaza y ella se alejó. Tomás miró a Elena.
—Todavía falta tu respuesta sobre Mérida.
Elena sostuvo el sobre cerrado.
—Hace una hora pensaba decir que no. No quiero comenzar una nueva vida con secretos.
—Lo entiendo.
—Si voy contigo, necesito que hables conmigo, incluso cuando la verdad sea difícil.
Tomás pensó unos segundos.
—Lo intentaré. Y si fallo, no me esconderé.
Elena sonrió.
—Esa promesa es más honesta.
—¿Entonces vienes?
—Voy a pensarlo hasta mañana. Pero ahora la respuesta puede ser sí.
Tomás comenzó a cantar mientras las guitarras llenaban el callejón. Elena rompió el sobre en pequeños pedazos, pero no leyó la carta.
—Mañana —le dijo a Sofía, que escuchaba desde la plaza—, me cuentas la historia con tu propia voz.
La serenata continuó por Guanajuato. Elena todavía tenía dudas, pero ya no tenía miedo de ellas. No necesitaba todas las respuestas esa noche. Solo necesitaba que, desde entonces, nadie volviera a esconder la verdad.