Urma care s-a terminat în fața ghețarului Perito Moreno
A2 · Nature & Adventure
La huella estaba sola en el barro. Era profunda y fresca, y tenía una pequeña estrella en la suela. Lucía, una joven guía del Parque Nacional Los Glaciares, conocía esa bota: era de su hermano Mateo.
Esa mañana habían discutido. Mateo quería entrar en un sendero cerrado para tomar fotos del glaciar Perito Moreno.
—Se acerca una tormenta —le dijo Lucía—. Es peligroso.
Pero Mateo se fue sin responder. Ahora, Lucía pensó que había entrado en el sendero.
El cielo estaba gris y el viento comenzaba a crecer. Lucía llamó por radio a su compañero Julián.
—Encontré huellas de Mateo. Voy a seguirlas.
—Espera al equipo de rescate —respondió Julián.
Lucía miró las huellas. El viento podía borrarlas pronto. Entonces empezó a caminar.
Después de unos minutos, encontró varias ramas rotas y una mochila negra. Dentro estaba la cámara de Mateo. Cerca, una voz débil dijo:
—¡Aquí!
Mateo estaba detrás de unos árboles, junto a un hombre mayor. El hombre tenía una pierna herida.
—Lo encontré en el sendero —explicó Mateo—. Fui a buscar ayuda, pero perdí la señal del teléfono.
Lucía se sintió aliviada y avergonzada.
—Pensé que solo querías tomar fotos.
—Al principio sí —dijo Mateo—, pero después él necesitó mi ayuda.
Lucía llamó otra vez por radio. Poco después, llegó el equipo de rescate. Mientras esperaban, ella cubrió al hombre con una manta.
Cuando terminó el rescate, Lucía y Mateo miraron el glaciar. La última huella de Mateo terminaba frente a la enorme pared azul.
—¿Quieres tomar una foto? —preguntó Lucía.
Mateo sonrió.
—No. Hoy prefiero recordar este momento sin cámara.
Juntos siguieron las huellas de regreso antes de que llegara la tormenta.