Valencia. La misma tarde. Diego lleva nueve minutos en el baño de la segunda planta de su oficina — el que nadie usa porque el grifo gotea. Alguien ha llamado a la puerta dos veces. Él no ha respondido.
necesito cinco minutos
Valentina ve el mensaje. Lo lee tres veces. Empieza a escribir.
Los puntos de escritura aparecen del lado de Valentina. Y desaparecen. Y vuelven. Y desaparecen. Así durante veinte minutos.
Mientras tanto, en el grupo de amigos — el mismo donde Valentina envió el audio por error — Marcos lo ha escuchado. Lucía también.
oye
sí
¿ese audio era para este grupo?
no, marcos. claramente no
joder
¿escribimos algo?
no sé. no creo. esto no es nuestro
no. tienes razón
pobres los dos
El grupo queda en silencio. Ni Marcos ni Lucía escriben nada más. El audio de Valentina sigue ahí arriba, con los tics azules de los dos.
En Barcelona, Valentina sigue en la misma silla. Le ha pedido otro café al camarero porque no sabía cómo explicar que llevaba una hora sin moverse. En Valencia, alguien vuelve a llamar a la puerta del baño.
están llamando a la puerta para la reunión de las cinco. llevo aquí dentro no sé cuánto tiempo
diego
lo siento
¿lo sientes por mandar el audio o lo sientes por lo que dijiste en él?
Valentina empieza a escribir. Borra. Escribe otra vez. Borra otra vez. Los puntos aparecen y desaparecen cuatro veces seguidas.
por las dos cosas
Diego lee el mensaje. No escribe nada durante tres minutos. Valentina se queda mirando la pantalla sin parpadear.
valen, ¿estás bien?
no
¿ha respondido?
sí. está... tranquilo. demasiado tranquilo. eso es lo que más me asusta
Valen, escúchame. Sea lo que sea lo que pase, lo que dijiste en ese audio era verdad, ¿no? O sea, no lo inventaste en el momento. Llevabas tiempo sintiéndolo. Así que... por muy mal que sea que Diego lo haya escuchado así, al menos ya está dicho. Ya no tienes que cargarlo tú sola. Sé que ahora mismo eso no ayuda mucho, pero... te quiero. Y estoy aquí.
gracias ele
El teléfono de Valentina vibra. Es una notificación del chat con Diego. Ella cambia de conversación.
estoy intentando entenderlo. de verdad que sí
pero hay una cosa que no entiendo
hablamos cada día. cada día, valen. y nunca dijiste nada
lo sé
no sabía cómo. o no quería saber cómo. no sé ni cuál de las dos
vale
Diego sale del baño. Pasa por delante de la sala de reuniones con la cabeza baja. Un compañero le pregunta si está bien. Él dice que sí con la cabeza y sigue andando. Sale por las escaleras al exterior del edificio. La calle de Valencia huele a fritanga y a escape. Él se apoya en la pared y sigue escribiendo.
salí a la calle. no podía seguir ahí dentro
¿y la reunión?
qué más da la reunión, valentina
tienes razón. perdona
Mira, yo... no quiero gritarte. No voy a hacerlo. Pero necesito que sepas que llevo aquí parado veinte minutos y no sé qué hacer con lo que me dijiste. O sea, en el audio hablas de mí como si fuera... como si fuera algo de tu pasado. Y yo sigo aquí. Estoy aquí ahora mismo, en la puta calle, con el abrigo puesto porque hace frío, pensando en ti. Y no sé si eso cuenta para algo o no.
Valentina escucha el audio dos veces. La segunda vez tiene los ojos cerrados. Cuando los abre, el camarero le está mirando desde la barra. Ella sacude la cabeza despacio, como para decirle que está bien. No está bien.
claro que cuenta. diego, claro que sí
no dije que no te quiero. dije que no sé si te quiero igual que antes
aunque entiendo que suena igual de mal
sí. suena igual de mal
...
¿cuánto tiempo llevas sintiéndote así?
Valentina mira la pregunta. Empieza a escribir. Una sola palabra. Cuatro letras. La borra antes de pulsar enviar.
En la pantalla de Diego, los puntos aparecen. Y desaparecen. El chat queda en silencio. Él sigue en la calle, con el frío de Valencia entrando por el cuello de la camisa, esperando una respuesta que no llega.