The Real Version

In a night of late messages — just the two of them — Valentina and Diego finally say everything they've kept quiet: the fears, the people they've become, what they feel and what they no longer know. The ending leaves open the only question that matters.

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Barcelona y Valencia. Las 21:47. Han pasado dos horas desde el último mensaje de Diego. Dos horas en las que ninguno de los dos ha escrito nada — ni al otro ni a nadie más. Valentina ha llegado a su apartamento sin recordar bien el camino. Ha puesto el abrigo en la silla. Se ha sentado en el suelo. Y se ha quedado ahí.

oye

oye

¿estás en casa?

sí. desde hace un rato

¿y tú?

sí. estoy en el suelo

¿en el suelo por qué

no sé. llegué y me senté aquí y no me he movido

yo llevo una hora mirando un vaso de agua

Hay una pausa de seis minutos. Ninguno de los dos fuerza nada. El chat está quieto pero ninguno desaparece. Los dos siguen en línea.

¿puedo preguntarte algo?

claro

¿tú sientes que has cambiado? en estos meses que yo no estaba

Diego lee la pregunta. Se levanta, coge el vaso de agua, bebe la mitad. Vuelve a sentarse. Escribe.

sí

creo que en estos meses me he vuelto más serio. o más... cerrado, no sé

antes hablaba más. contigo, con los amigos. ahora paso muchos días sin decir nada que importe

yo también me he vuelto distinta

aquí soy más independiente. me gusta estar sola, no me molesta no tener planes

y a la vez a veces llego a casa y el silencio me pesa demasiado

¿y en esos momentos piensas en mí?

Valentina lee la pregunta. No borra. No reescribe. Contesta en menos de un minuto.

sí. siempre

ok

yo también. por si sirve de algo

sí que sirve

Hay otra pausa. Esta vez más corta — cuatro minutos. Como si el ritmo entre ellos hubiera cambiado. Como si por primera vez en meses los dos estuvieran en la misma conversación.

Diego, quiero intentar decirte algo que llevo mucho tiempo sin poder decir. No sé si voy a encontrar las palabras exactas, pero... el problema nunca fue que no te quisiera. El problema fue que me asusté. Me asusté de lo mucho que te quería y de lo fácil que sería perderme a mí misma dentro de eso. Y cuando vi esa conversación en tu teléfono... o sea, no fue solo la traición. Fue que me dio una razón para salir. Para decirme que tenía permiso para irme. Que era culpa tuya. Y eso era más fácil que admitir que yo también tenía miedo desde hacía meses. Miedo de casarme, miedo de quedarme en Valencia, miedo de que en algún momento me mirara en el espejo y no reconociera nada. Barcelona no fue un plan. Fue una huida con buena excusa.

Diego escucha el audio. Después lo escucha otra vez. En la mesa, el vaso de agua sigue a medias. Fuera, Valencia ha llegado a la noche de verdad.

gracias por decirme eso

en serio

debí decírtelo hace meses

sí. y yo debí decirte muchas cosas antes que tú

Yo también tenía miedo, Valentina. No del matrimonio en sí — o sea, el anillo lo compré sin dudarlo, eso fue lo más fácil. Lo que me daba miedo era otra cosa. Era que tú llevaras meses cambiando y yo no lo viera. Era que llegara un día en que fueras una persona completamente distinta y yo siguiera queriéndote como si fueras la de antes. Porque hay algo que no te he dicho nunca y que creo que deberías saber: para mí tú siempre has sido la persona más difícil de entender. Y la única con la que nunca me ha aburrido intentarlo. Pero este año... este año he sentido que dejabas de dejarme intentarlo. Y eso sí me dolió. No el anillo. No el tren. Eso.

Valentina escucha el audio una vez. No lo repite. Tiene los ojos cerrados. Cuando los abre, la ventana de su apartamento está oscura salvo por las luces de la ciudad al fondo. El radiador zumba detrás de ella.

lo de dejar de dejarte intentarlo

eso es lo que hice, ¿verdad

sí. pero entiendo por qué

ahora lo entiendo

¿y el tren?

¿vas a venir este fin de semana

Los puntos de Diego aparecen. Desaparecen. Aparecen. Esta vez tardan más que antes.

no lo sé todavía

no he cancelado el billete

ok

creo que los dos necesitamos un poco más de tiempo para saber qué queremos hacer con todo esto

sí

¿pero estamos bien? o sea... ¿nosotros, ahora mismo, esta noche?

creo que sí

esta noche sí

El chat queda tranquilo durante un rato. No incómodo — tranquilo. Los dos siguen en línea. El radiador de Valentina sigue zumbando. El vaso de agua de Diego sigue a medias. La noche pasa.

oye. sé que dijiste que ahora no pero son las once y quiero saber si estás bien

estoy bien

hemos hablado. de verdad. creo que por primera vez en meses

¿y qué va a pasar

no lo sé

pero esta noche sí sabemos algo

¿qué

que las dos personas que éramos antes ya no existen. y que eso no es necesariamente algo malo

te quiero valen

ahora ve a dormir

Valentina cierra el chat con Elena. Vuelve al chat con Diego. La hora del teléfono ya va por las doce y media. Él sigue en línea.

sigues despierta

sí. ¿tú también

evidentemente

diego

¿crees que todavía encajamos? la versión real de los dos. los que somos ahora

Diego lee la pregunta. Se levanta. Va hasta la ventana de su apartamento en Valencia y mira la calle vacía de abajo. Vuelve a la mesa. Coge el teléfono. Y escribe durante tres minutos sin parar.

no lo sé. y creo que es la primera vez en mi vida que esa respuesta no me parece una mala señal

porque hoy nos hemos visto de verdad. y eso no lo habíamos hecho en mucho tiempo

lo demás habrá que verlo

sí

habrá que verlo

Pasan casi dos horas más. Las 02:21. El chat lleva un rato sin actividad. Diego ya no está en línea. Valentina tampoco. Y entonces Valentina abre la ventana de su apartamento, apoya los codos en el marco y mira la ciudad.

Valentina envía la foto sin texto. Sin emoji. Sin nada. Deja el teléfono en el alféizar y sigue mirando la ciudad. Un minuto después, el teléfono vibra.

buenas noches, Valen

Valentina escucha el audio. Cuatro segundos. Lo escucha otra vez. Después cierra la ventana despacio, sin hacer ruido, como si no quisiera romper algo. Se sienta en la cama. Mira el techo. La ciudad de Barcelona sigue ahí afuera, encendida, sin saber nada. Y Valentina, por primera vez en muchos meses, no sabe lo que va a pasar — y no tiene miedo.